La importancia de la educación con consciencia por parte de padres y madres

Cuando comencé a trabajar con niños apenas tenía dieciocho años, todavía no era psicóloga, entonces mi objetivo era que se divirtiera, que aprendiesen a pintar y plasmar la realidad a su forma a través del dibujo y la pintura.  No era consciente de lo importante que es que le pongamos consciencia, yo misma estaba sin ella. Me quedaba mucho camino para llegar a lo que hoy conozco y todavía, soy consciente, que me queda un mucho más por conocer. Porque en el camino de educar con consciencia no he tenido una línea recta, aun hoy que soy consciente muchas veces me doy cuenta que dejó de serlo, aunque sea por poco tiempo. 

Cuando comencé trabajaba con niños mientras me formaba en psicología empecé a darme cuenta lo importante que somos los padres y las madres, entonces la reflexión comenzó sobre mi propia familia, la que me ha enseñado tanto sin saberlo. Mi padre, mi madre y mis hermanas, hasta mi familia más extensa también me han enseñado mucho aunque algunos de ellos ni he conocido. El darme cuenta de quién soy a través de ello me ha hecho darme cuenta de lo que dejó de ser cuando son ellos mi espejo. Y es que a diferencia de la educación que hoy doy a mis hijos mis padres educaban en base de lo que habían visto y aprendido, era así y no se cuestionaban que fuera de otra manera. Eso ahora a mi me parece algo imposible, porque soy consciente a cada paso y eso no es fácil.

Hacerlo por ayudarles a ellos de la mejor manera sin duda ha hecho que sea lo mejor para mi. Un día me enseñaron que tener miedo era un gran aliado porque me pararía y ayudaría a hacer las cosas mejor, más seguras y hasta cuidarme, y así ha sido. Trabajo con niños de todas las edades y tengo una hija de tres años y un niño de seis meses, y todos los días me enseñan ayudan, sin saberlo a ser más consciente. 

He aprendido que para ayudarles y saber realmente lo que es mejor en ese momento, teniéndose en cuenta a mi y a ellos, tengo que parar. Necesito poner esa mirada desde la distancia, respirarlo y ver que pasa. En ese espacio-tiempo es bueno para mi y para ellos porque permite que sin que, aparentemente, pase, pasan muchas cosas. Nos colocamos en observadores de nosotros mismos y de ellos, poniendo la atención en pensamientos, sensaciones y las formas de actuar, nos damos cuenta de las consecuencias y si realmente es lo que necesitamos, necesitan y nos lleva a los que en ese momento tratamos de solucionar y atender.

Pero esa toma de consciencia es en ambos lados, como educadores somos responsables de educar para que ellos tomen consciencia, porque sólo desde ahí habrá cambio, habrá responsabilidad, decisión y seguridad.

Educar con consiciencia es muy contrario a educar con castigos, porque los castigos es algo que impone el adulto y la cuando lo hacemos con toma de consciencia es basado en consecuencias, que se el niño y la niña aprenden a aprender a atender lo que necesitan y a pararse para darse cuenta y actuar en base a lo que se siente, se necesita, ser consciente de cómo y qué piensa y de si en ello va un actuar en positivo para ellos mismos y los demás.

La educación consciente  no requiere meditar todas las mañanas, requiere dedicar durante el día esa mirada dándose cuenta, dejar de actuar por inercia y dejar ese tiempo y espacio que se necesita para pasar de no consciente a lo consciente lo que en cada momento se necesita para hacer el cambio y avanzar.

¿Eres un padre o una madre que no se para, que se da cuenta pero mentalmente se cuenta otra porque tomar consciencia requiere hacer cambios? Entonces tu hijo no lo hará, no aprenderá a pararse cuando sea necesario, a saber qué es importante para él o ella y cuándo algo no le haga estar y sentirse bien no normalizarlo sin consciencia. 

Porque luego llega la adolescencia y nos falta tiempo, entonces necesitamos que se paren, que piensen, poder confiar en su responsabilidad y que sus elecciones no son impulsivas.

Si queremos que sean maduros, que tengan iniciativa propia, que sean responsables de sus actos, emociones y pensamientos, necesitamos dedicar tiempo y espacio a darnos cuenta, a pararnos a pensar y ser conscientes de qué y el cómo, e incluso más allá por qué y actuar en base a el para qué con consciencia.

Es una forma de vida no una forma de educar, yo no la cambio por nada y ¿ tú?

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