El movimiento y la necesidad en la infancia.

Sin lugar a dudas el movimiento físico es lo primero que identifica, desde que nace, la diferencia entre un niño sano y un niño que no lo está. Los primeros meses son claves, el como el niño va evolucionando en su desarrollo va unido a como va siendo su movimiento físico. Tal es que este movimiento ha sido muy estudiado en relación al desarrollo del cerebro, por un lado se necesita de mucho movimiento físico durante los dos primeros años para que el cerebro madure en su 90%. La estimulación, la comunicación, el juego y la relación que tengamos con el niño/la niña ayudará en ese proceso. Pero en este punto tenemos que tener en cuenta varios aspectos:

  1. El carácter, la genética, cómo es su movimiento en relación a su propia forma porque hay niños más tranquilos y otros más inquietos dependiendo de los genes.
  2. Su entorno, cómo es el movimiento de la familia, la edad de los padres y si tiene o no hermanos mayores o son más pequeños, también es importante a la hora de que el niño o la niña en su primera etapa tienda a más o menos movimiento físico.
  3. Las necesidades, que a partir de los dos años comienzan a verse y que es fruto de su carácter y de la imitación del entorno, de lo que le refuerzan o no, de lo que tiene o carece.

A partir de los tres hasta los seis años el movimiento va ir siendo menos porque su cerebro requiere que su cuepo se pare más para que otras células aumente y tengan más activida, no tan focalizadas en la parte física y motora. El niño a partir de los tres años comienza a poder atender otros aspectos más cognitivos y emocionales por lo que el movimiento mental y emocional comienza a tener mucha importancia. 

El niño atiende sus necesidades, pide y demanda y además lo quiere ya y pronto. Su movimiento físico es mucho todavía, acostumbrado a explorar y descubrir y tener una recompensa de aprendizaje inmediato, como cuando da un botón y una luz se enciende y se activa un sonido. 

No hay nada más agotador y estresante que un niño gritándote y pidiendo ya que lo atiendas, ante eso lo mejor que podemos hacer es transmitirle que ha de esperar, decirlo tranquilo o al menos que así no le atendemos porque es la mejor ayuda que le podemos dar. La razón es que su cerebro necesita esa espera, esa pausa para que se activen las partes del cerebro de la emoción y de la consciencia, de pensar y razonar.  No queremos que sean siempre niños de dos años impulsivos, confiamos en que pueden esperar, en que son capaces porque su cuerpo y su mente están preparados para ello pero nosotros también nos tenemos que preparar. C

Como madre y psicologa infantil me he dado cuenta que muchas veces es mucho más difícil para el adulto ser consciente del cambio de etapa que para el menor. Si yo no soy consicente que mi niña ya no es un bebé seguiré atendiendo inmediatamente a sus demandas como cuando tenía seis meses. Su movimiento seguirá siendo impulsivo y le va a costar mucho más pararse a darse cuenta de las consecuencias, de qué es mejor en ese momento, actuar por ella misma y, por supuesto, ser consciente de las emociones de ella y de los demás.

No es fácil pero es cuestión de tener claro que:

  1. No todas las etapas el movimiento físico, mental y emocional es igual
  2. Las necesidades de los niños van a tener mucho que ver con la inmediatez o no que las cubren.
  3. Las necesidades de cada niño/a no son universales por edades ni para todos los niños, depende de su entorno, de las propias características del menor, su carácter y su personalidad, y de las circunstancias del momento.
  4. Necesitamos conocer las etapas de desarrollo para entender más el movimiento emocional, mental y físico de los menores y sus necesidades.
  5. Nuestras necesidades y nuestro movimiento de padres y educadores en muy influyente en el de ellos.
  6. Nuestras necesidades no son las de ellos, ambas hay que escucharlas y tenerlas en cuenta siempre y cuando no sean limitadoras las unas de las otras. 
  7. Como educadores tenemos la misión de ayudarles a ser conscientes de su propio movimiento y como este le ayuda o limita en la gestión positiva de sus necesidades y para ello necesitamos, sin duda, conocer también nuestro propio movimiento y nuestras necesidades.

En Educarte, con el método Movimiento y Color, llegamos a ese movimiento de que parte y su necesidad de la mano del arte, el juego y el color. Hacerle consciente lo que no se deja ver y limita o potencia tanto su movimiento como se necesidad  que les lleva a ser ellos mismos con que el adulto le guía y el acompaña de forma positiva.

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